Un Desvarío Variable – Pesadilla – II – El Segundo Error

Si no has leído la primera parte la tienes en el siguiente enlace:

Un Desvarío Variable – Pesadilla – I – El Primer Error

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Un Desvarío Variable – Pesadilla – II – El Segundo Error

Continuaba mi camino, el pasillo seguía y seguía, y yo… También.

Hacía un buen rato que ya no miraba las puertas así que no me percaté en un principio de que ahora estaban todas cerradas. Mis heridas continuaban sangrando aunque no mucho, pero el dolor era insoportable y a este dolor se añadía el escozor que mi propio sudor provocaba cada vez que entraba en contacto con las heridas abiertas. ‘¡Mal rayo parta a esa zorra!’ me dije a mi mismo, a lo que añadí una nota mental a mi lista ‘ser un poco más observador te puede salvar la vida’. Curiosamente pareció ser ese pensamiento el detonante de lo que a continuación ocurriría.


‘¡¡¡AUUUUURGHHHHH!!!’, así sonó la especie de aullido o grito que de repente escuché y que parecía provenir del fondo del pasillo y de la misma dirección de la que yo acababa de venir, me giré y la vi… Era otra vez esa mujer y venía corriendo sobre sus manos y pies hacía mi, corría como un animal enfurecido aunque sus movimientos parecían torpes y mal coordinados. Decidí no esperar más y salí corriendo como alma que lleva el diablo al percatarme de como la distancia entre nosotros se reducía a un ritmo realmente alarmante. Corrí todo lo que pude, y fue entonces cuando me di cuenta de que todas las puertas estaban cerradas, de vez en cuando intentaba abrir alguna, pero nada, todas parecían estar cerradas con llave, oía como la mujer se me acercaba, ya podía oír su respiración jadeante, sus gruñidos, podía oír el chapoteo  que producían sus pies y manos en los charcos de sangre, seguí corriendo e incluso me atreví a mirar atrás, acción que me regaló una nueva visión algo chocante, ahora la mujer estaba corriendo por el techo. ‘¡Vaya!, ¡que popular me he vuelto con las mujeres!… al menos con ésta’ pensé.

Ésta carrera estaba drenando mi energía, no veía salida, la mujer no reducía su ritmo y yo empezaba a ver doble, estaba tan abstraído concentrándome en escapar como fuese que no me percaté de que delante de mi, a tan solo unos metros de distancia, faltaba una gran sección de suelo… Para cuando me pude dar cuenta ya era demasiado tarde, resbalé sobre la sangre y caí por el profundo agujero.

Recuperé la consciencia un rato más tarde, no sabía cuanto tiempo había transcurrido ni lo que había sucedido exactamente, me encontraba en un agujero oscuro y encharcado de varios metros de profundidad, sus paredes de roca estaban mugrientas y resbaladizas, por encima de mi, a unos ocho o diez metros podía ver un poco de luz que provenía del pasillo. Me levanté poco a poco, el dolor que sentía me indicaba que tenía alguna costilla rota pero por lo demás parecía estar bien. Empecé a palpar los muros en busca de una salida o de algún punto por el cual volver a subir para alcanzar así el pasillo, pero no encontraba nada y estaba empezando a desesperarme. Unos minutos más tarde decidí sentarme para descansar un poco más y pensar en mis escasas alternativas, ‘no es bueno perder la cabeza, tengo que mantenerla fría’, murmuré angustiado.

Un rato después volví a ponerme en pie, el descanso me había venido bien al menos así que me dispuse a continuar buscando una salida. Me dirigí hacía la parte mas oscura del agujero y de repente oí un chillido ensordecedor, y escalofriante, era la mujer de nuevo y parecía estar dentro de este infecto y húmedo agujero conmigo, y cerca, muy, muy cerca… Intenté pegarme todo lo posible al muro y seguí a tientas, palpando la fría y húmeda roca en busca de una salida, ya podía oír la respiración de la mujer de nuevo, pero no la podía ver, tenía que darme prisa. Finalmente encontré algo cerca del suelo, una abertura que resultó ser una pequeña gruta excavada en la roca, no tendría mas de cuarenta centímetros de alto y algo más de un metro de ancho, pero estrecheces aparte, parecía que podría seguirlo hasta la tenue luz que se apreciaba al otro lado.

Entré en la gruta sigilosamente y teniendo cuidado de no quedarme enganchado con nada ya que sabía que sería muy difícil soltarme si algo así ocurriese, sobre todo si ocurriese en las estrechas profundidades de la gruta, no era la primera vez que me metía en un berenjenal similar, de hecho cuando era más joven había practicado deportes de riesgo y siempre había considerado que la experiencia es un grado que no se alcanza ni con toda la literatura y estudios del mundo, aunque estudiar y leer siempre ayuda evidentemente… Además, me había llevado ya muchos sustos practicando dichos deportes.

El tiempo pasaba, y por primera vez me acorde de que tenía mi reloj, decidí mirarlo, su esfera retroiluminada verde me venía de perlas en esta situación, eso y el hecho de que contaba con una brújula, y que también tenía sensores de temperatura y un altímetro, entre otras funciones. Al parecer la temperatura era de aproximadamente 8 grados centígrados, me dirigía hacía el Oeste, y mi altitud… ‘¡JODER!’ exclamé, me encontraba a nada menos que 135 metros por debajo del nivel del mar… Continué avanzando y me percaté de que el túnel estaba estrechándose cada vez más, empecé a temerme lo peor; que el túnel se hiciese demasiado pequeño como para poder continuar, si fuese necesario salir marcha atrás… sería muy, muy difícil.

Poco después volví a oír otro chillido que provenía de justo detrás de mi, ‘¡Oh!, ¡MIERDA!’ grité al notar como algo me agarraba el pié con fuerza y me clavaba las garras. No podía ser, esa zorra, me había atrapado en el interior de ésta diminuta gruta, justo en el único lugar en el que no le podía hacer frente ni podía escapar, ‘¡SUÉLTAME ZORRA!, ¡SUELTA!’ grité dando una fuerte patada en su dirección, de repente el suelo comenzó a temblar violentamente y oí como detrás de mi caían rocas, fue entonces cuando la oí chillar de dolor y noté como me soltaba el pié. Conseguí continuar por la gruta y alcanzar la salida unos metros más adelante, me encontraba en una plataforma de roca de un par de metros cuadrados, debajo de ella no se veía el fondo, de hecho no se veía nada, solo otro gran y profundo agujero sin fin, desde detrás de mi oía aún los chillidos y aullidos de dolor de la mujer, también oí algo más… Una temblorosa, jadeante y malévola voz femenina procedente de la gruta dijo…

‘… ¡Este ha sido ahora tu tercer error!… Entonces se echó a reír y finalmente se hizo el silencio cuando lo que quedaba de la gruta la aplastó, bloqueando lo que en principio parecía ser la única salida viable…

To be continued…

Nota: El reloj por cierto, es un Casio PROTREK Triple Sensor – modelo PRG-60YT

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2 Responses to Un Desvarío Variable – Pesadilla – II – El Segundo Error

  1. Troll Diosa says:

    ¡Oh, no! Vas a morir! tienes que encontrar una ruta alternativa, simplemente tiene que haber una salida! No dejes que te coja esa z*rra!!

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